Señor de la Piedad
La tradición oral rescatada por el autor de El Fénix Amor.
A las orillas del río Lerma, al norte de Michoacán, en la estancia de la Huerta entre los pueblos de Yurécuaro y Aramutarillo, se mantenía de humilde labrador y pescador de bagre un mulato de nombre Juan de Aparicio Segura allado de su hermana Catalina Segura, mujer de Blas Martín, acompañado de Juan de la Cruz, hijo del primer matrimonio de Blas Martín.
Un día, víspera de la Nochebuena, Juan de Aparicio y Juan de la Cruz con otros pastores del Lugar salieron al campo a traer leña para su casa, y encontraron un tronco seco de Tepame como de una vara de altura y lo trajeron al patio de su choza; allí formaron una luminaria para celebrar la fiesta del Nacimiento de Cristo y echaron a la lumbre el tronco, con otros leños, donde ardió toda la noche. Salió Aparicio a calentarse al calor de la alumbrada y vio que todos los leños estaban hechos brasas y solo el tepame no se quemaba.
Lo sacó de la lumbre, lo tiró a un lado, y tomando un hacha para trozarlo, al tirar el primer golpe arrancó la tecata de medio lado y descubrió el bulto de un soberano crucifijo. En esto salió su hermana Catalina, y advirtiendo que se descubría una imagen, quitó con sus manos el resto de la cáscara, hasta descubrir un pie. Admirados del suceso avisaron a Blas Martín. Quitaron toda la corteza del tronco y descubrieron una imagen en blanco, que sacaron y llevaron a un aposentillo.
A los pocos días, que fue la fiesta de los Santos Reyes, pasaron por ahí tres indios que eran escultores y venían buscando imágenes que componer.
Los llamó Blas Martín a su casa y les encargó que pusieran encarnación a la imagen. A la mañana siguiente volvió a ver la obra y halló en el aposento el crucifijo encarnado y puesto en una cruz, pero los indios escultores habían desaparecido.
Martín pasó a Tlazazalca a dar cuenta del suceso a su cura, que era el Lic. Don Juan Martínez de Araujo. Este suceso ocurría en el año de 1687.
A la voz del prodigio, anhelando poseer la imagen, acudieron los pueblos vecinos de Pénjamo, San Pedro Piedra Gorda, Ayo, Atotonilco, La Barca, Ixtlán, Villa de Zamora, Jaconá y los siete pueblos que componían el partido de Tlazazalca, que era Tanhuato, Yurécuaro, Cujuarato, Ecuandureo, Atacheo, Penjamillo y Aramutarillo.
Convinieron todos a entrar en rifa: tres veces la rifaron y tres veces salió agraciado el pueblo más pobre de todos, San Sebastián de Aramutarillo, que se componía de tres casas, dos de indios y una de un español llamado don Luis Bravo, Administrador de la hacienda de Santa Ana Pacueco.
Luego buscaron nombre a la imagen y echaron en rifa varios títulos "{tres veces seguidas salió el de Señor de la piedad. Pusieron entonces en la pobre ermita de ese pueblo al Santo Cristo de Aramutarillo y le formaron cofradía para su culto.
Con ocasión de las fiestas de semana santa, los vecinos de Aramutarillo llevaron en procesión la imagen del Santo Cristo a Tlazazalca, donde se quedó por algún tiempo, mientras hacían una iglesia más capaz en su pueblo elegido, entre los años de 1688 y 1692.
Atraída por la fama del maravilloso hallazgo del Santo Cristo, un día vino a visitarla desde Jalostotitlán a Tlazazalca, una señora llamada doña Emerenciana, que estaba tullida de las piernas. Hallándose en la iglesia después del medio día se levantó una espantosa tempestad de truenos, aire y agua que amenazaba Derrumbar la iglesia.
Viéndose sola en su silla de ruedas, comenzó a dar grandes gritos pidiendo que la sacaran, sin lograr auxilio humano. Hizo entonces un vehemente impulso a levantarse y de improviso se halló en pie, corriendo hasta las puertas de la iglesia, y dando gracias al Señor de la Piedad por su repentina curación.
Con esto los vecinos de Aramutarillo resolvieron recuperar la milagrosa imagen lo que hicieron en alegre procesión, entre danzas, músicas y cantos del alabado, hasta depositarla en su nuevo templo.
Un nuevo Cura gobernaba el partido de Tlazazalca, don Juan López de Aguirre (1692-1694). Este transformó el viejo Aramutarillo en un nuevo pueblo de indios, mulatos y criollos españoles, y lo bautizó con el nombre de Pueblo de La Piedad, nombre que ha conservado desde el 25 de noviembre de 1692 hasta el día de hoy.
En lugar de la vieja iglesia que era muy pequeñita y de adobe, construyó el primer templo grande de calicanto. Para diseñar y construir la obra trajo de su natal Irapuato al maestro de obra Juan de Urbina. El costo de la construcción fue donado por el ganadero queretano don Alonso Estrada Altamirano, dueño de la hacienda de Santa Ana Pacueco, con faenas del vecindario.
Este primer templo dedicado al Señor de la Piedad, todavía está en pie y se conoce hoy como "La Purísima" .Era el año del hambre en todo el país, de triste recordación por el motín de los indios que asaltaron el almacén del maíz y quemaron el. Parián en el zócalo de la ciudad de México el 8 de junio de 1692. En el nuevo Pueblo de La Piedad, la obra del primer templo dio empleo a muchos trabajadores y alivió la crisis de la Población. Hizo la bendición del nuevo Templo y colocó en ella la imagen del Santo Cristo de la Piedad, el siguiente Cura, el zamorano Don Félix de Jasso y Paro, en víspera de la semana santa del año de 1699, con licencia del Obispo don Juan de Ortega Montañés.
El año de 1707, con ocasión de la semana santa el pueblo de Tlazazalca, cabecera de todo este partido, se vio lleno de visitantes de todas las estancias y pueblos comarcanos. Desde el domingo de ramos, el alcalde mayor, don Diego López de Peramato, quiso obligar a los indios a traer pastura gratis para todas las cabalgaduras de los fuereños visitantes. El gobernador indio se negó a la extorsión, por lo que el alcalde le puso encima las manos y le tusó la cabellera. Los indios levantaron un gran motín contra el alcalde. Queriendo apaciguar el tumulto, el cura sacó en procesión el Santísimo Sacramento. Lejos de aplacarse, los indios lo apedrearon. Acudieron a socorrer al alcalde los vecinos principales entre ellos don Diego Caballero y don Francisco de Ayala, quien fue derribado por las pedradas de los amotinados. Duró el tumulto hasta el domingo de Pascua. Un vicario, el zamorano bachiller Diego Brambila Arriaga, hablándoles en su lengua logró apaciguarlos, cuando llegaron compañías de la Real Acordada de Zamora a restablecer el orden. A raíz del motín las autoridades civiles y eclesiásticas trasladaron su residencia a Tlazazalca a La Piedad. Con ella se mudaron también muchas familias de criollos españoles y así se produjo el primer gran crecimiento del pueblo de La Piedad, gracias a Tlazazalca, con gente acomodada y trabajadora. Otro gran beneficio que recibió La Piedad con el traslado de la residencia del párroco fueron los doce años (1707- 1719) de continua atención en el ministerio sacramental y en la enseñanza de un hombre tan culto, como Don Félix de Jasso y Payo, antiguo catedrático del Colegio de San Nicolás y finalmente canónigo de la catedral michoacana.
Hombre caritativo, de sus ahorros compró las tierras de la estancia Changuitiro y antes de despedirse de Tlazazalca las donó a la cofradía del Santísimo Sacramento.